En el campo de las literaturas dibujadas o de las narrativas gráficas y más puntualmente del humor gráfico y la historieta todo está por hacerse. El balance del Simposio de “Artes Secuenciales Cultura, Historia y Sociedad” (sábado 7 de noviembre), por lo tanto, no puede alejarse de esa perspectiva. Las exposiciones dieron por resultado un “mapa esquelético” de investigación: abordajes semióticos, históricos, análisis de casos, teorizaciones sobre los cruces entre el arte y el mercado, trabajos recortados sobre una periodización determinada, miradas inscriptas en la teoría bourdiana, distintas tradiciones historiográficas, sociológicas, estéticas. La misma formación de los ponentes daba cuenta de esa multiplicidad de perspectivas: algunos provenimos de la carrera de Ciencias de la Comunicación, otros de Historia del Arte, de Letras, de Historia, de Sociología. Y claro, nuestras formaciones de postgrado nos fueron llevando por recorridos más específicos. Pero lo que me interesa señalar es que si algo manifestó este encuentro es que la reunión de investigadores de distintas ciudades del país, abocados a trabajos sistemáticos y rigurosos, señala por lo menos un síntoma que no debería ser soslayado ni pasar desapercibido en la historia del campo. La producción actual no es la misma (y aquí no emito juicios de calidad o emito juicio crítico) que los trabajos aislados, fragmentarios, asistemáticos que produjeron Masotta, Rivera, Steimberg, Romano, por nombrar a los referentes que “abrieron el juego” y tomaron a la historieta como objeto de estudio. Todos los expositores en sus lecturas dieron cuenta de esas perspectivas ya sea para discutirlas, superarlas o tomarlas como “punta de lanza”. Toda investigación que tenga por objeto la historieta seria o humorística, no puede eludir esas incursiones. Pero claro, esos trabajos difieren sustancialmente de los que se están escribiendo o los que ya se concretaron. En primer lugar, porque esta nueva corriente (creo que el Simposio permitió advertir precisamente eso, hay una nueva “corriente” de estudios en el área) funciona en un marco institucional muy preciso: la academia. Y ello establece reglas de juego tales como la presentación de papers, la asistencia a Congresos y Jornadas, la publicación en revistas con referato, etcétera. Lo que implica el desarrollo de una escritura sujeta a las normas de la ciencia social y no del ensayo: con criterios metodológicos explícitos, con relevamiento y uso de fuentes sistemáticas, con elaboraciones conceptuales y demostraciones empíricas, con un marco teórico definido y en una periodización determinada. Todo ello atañe al modo de producción de la investigación en Ciencias Sociales. Ahora bien, ello me introduce a una hipótesis: la historieta entra a la academia cuando finaliza su etapa expansiva. Es decir, el historiador o el sociólogo, aparece allí cuando el objeto puede ser cosificado, o mejor dicho: cuando estos textos pueden historizarse, cuando permiten advertir que son lenguajes privilegiados para analizar la sociedad y sus representaciones visuales.El objeto vacante deviene así, en objeto de interés sociológico y estético y pasa de ser una zona desatendida en el área, a ser un campo en creciente exploración (y explotación, digamoslo ya). En resumen y si bien en formación todavía, puede hablarse con cierta seguridad que en los últimos años se produjo nueva empiria en el área de estudios de la historieta y que estos abordajes desde distintas disciplinas y tradiciones de estudio, nos tiene como actores. Y como punto de clausura y apertura de este balance, en mi rol de organizadora y coordinadora del Simposio, me cabe la autocrítica y la propuesta superadora. En otro post la sigo….
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