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martes, 29 de abril de 2014

Convocatoria y recepción de artículos

Volumen:
Gráfica (s) y Lenguaje (s) en América Latina: sobre el dibujo político

Coordinación:  Laura Vazquez

Domínios da Imagem, publicación semestral del Laboratorio de Estudios de Dominios de la Imagen y la Historia (LEDI), Departamento de Historia. La publicación está vinculada al Programa de Postgraduación en Historia Sociales de la la Universidad Estatal de Londrina (UEL), Brasil. Con referato internacional. En papel y digital.

Resumen:
Este volumen propone rastrear distintas operaciones, itinerarios profesionales y programas editoriales en donde el dibujo político haya sido una herramienta central en la conformación de discursos e imaginarios de época. 
El interés es rastrear diversos tópicos y estrategias del dibujo latinoamericano a través del tiempo y en distintos contextos. En todos los casos, el acento debe estar puesto en la dimensión política, polisémica y creativa de la (s) gráfica (s) de la región. Se recibirán propuestas teniendo en cuenta las siguientes líneas temáticas:

·Itinerarios
·Programas
·Contextos
·Crítica
·Reseña
·Entrevista

domingo, 30 de marzo de 2014

retroblog

Vuelven los tiempos blogueros. Desde 2012 que no pasó por acá. A ver si me pongo al día...en tiempos se 140 caracteres...¿es vintage seguir en blogger?

Qué hice y qué no hice en todos estos meses, lo iré subiendo en distintas entradas con etiquetas. Ese es el único sentido de esta bitácora de ideas, agenda perpetua de un pasado siempre presente.

Si tengo tiempo y en días lluviosos como hoy, días de spleen, días de vacío intelectual, me pondré al día con el folletín Suave Canesú.

Nada más, ningún recomienzo es deslumbrante. Lo que vuelve a empezar, apenas da chispas.

Nos vemos seguidores...

LVH








lunes, 2 de enero de 2012

Soretes Azules






Estamos en casa, una noche de noviembre de 2011, Diego Agrimbau, Lucas Varela, Andrés Accorsi y yo. Y Andrés nos cuenta del proyecto: un blog sobre Trillo. Se va a llamar: Soretes Azules. Qué gran nombre! Nos invita a colaborar. Dudo. Le doy vueltas. ¿Cómo no caer en la nota necrológica o en el homenaje y la nostalgia? Andrés lo explica muy bien. Nos cuenta su idea. Nos terminamos copando: tiene razón, este blog va a a reunir información y dispersa sobre Carlos. Y eso es lo importante. De ahora en más, entonces, un sitio de lectura obligada. Gracias Andrés. Sabemos que no fue fácil para vos. Pero sabías que era urgente y necesario. Mi primer posteo del 2012. Cuesta. Pero hace falta. Qué lindo arranca el año...

martes, 4 de octubre de 2011

Herramienta sobre historieta en REHIME

Es un placer presentar la nueva herramienta publicada en REHIME. Son recursos para utilización en el aula o como apoyo de clases. El texto en línea, se encuentra en la sección HERRAMIENTAS y  se titula: "Historieta, cultura de masas y política" (Laura Vazquez) y forma parte de una serie de documentos que realiza la Cátedra Historia de los Medios (titular: Mirta Varela) en la Carrera de Ciencias de la Comunicación, FSOC, UBA. En esta herramienta hay imágenes, videos y cuestionarios para los alumnos de la materia. Hay otras herramientas como las dedicadas al cine, la fotografía y la televisión realizadas por compañeros de la cátedra. Recomiendo ampliamente estos documentos. Ya en otros posteos hablé de Rehime: una red dirigida a los interesados en Historia de los Medios. ¡Visiten la Red que está buenísima!.


Actualización de REHIME: Jorge Pablo Cruz

martes, 20 de septiembre de 2011

Arte, remate y mercancía. Una aproximación al coleccionismo de dibujos

Me complacecompartir este artículo que publiqué en la revista de investigación ARTE Y SOCIEDAD de la Universidad de Málaga, España. El tráfico de originales y el coleccionismo de historietas es una discusión que merece un espacio de reflexión. Por supuesto, no pretendo agotar el tema, simplemente tirar algunas líneas para el análisis.

El número 0, de septiembre de 2011, ya se encuentra en línea. La publicación está a cargo del grupo EUMEDNET. Gracias a sus directores y al comité científico por haber permitido mi participación.

Ojalá les guste.

Para bajar el artículo, haga click en el enlace:

Arte, remate y mercancía.









viernes, 3 de junio de 2011

Los secretos de Altuna

Me escribe Horacio. Me cuenta de un proyecto distinto a todos: un libro objeto con señoritas desnudas (en todas las posiciones posibles), un libro editado por Orsai
Un libro que querríamos tener acá los que no vivimos allá.
Ya sabemos que Altuna siempre peleó por sus derechos. Lo que es decir: por los derechos de todos.  Me (nos) consta.  Supongo que la gente no envejece cuando se mantiene coherente. Y en mi teoría a Horacio no le pasan los años porque siempre piensa igual. A esta altura, si hay algo indiscutible son las evidencias:
- Horacio Altuna es uno de los más grandes dibujantes de la historieta argentina
- Horacio Altuna es el tipo más firme y decidido a la hora de batallar por lo justo.
Y acaso no haya militancia más política que esa: la de defender nuestras creaciones. Claro, para eso hay que tener pelotas, mantener una línea y no transar por conveniencias. Más de una vez pensé: "¿Nunca se cansa Altuna?". Seguramente sí. Más de una vez debe haberse tentado en firmar un contrato de mierda, ceder un original o negociar un porcentaje suicida con tal de publicar y llevar la plata a casa. Todos tienen malas épocas y la trampa está a la vuelta de la esquina. La gracia está en ser honesto. Y sobre todo, con uno mismo (que es lo que importa). Conocí a Horacio hace varios años. Una entrevista y un café en un bar del centro. Me habló de lo mismo que cuenta Hernán Casciari en la editorial Nº 2 de Orsai. Y no es que Altuna se repita. Es que las cosas no han cambiado nada en el mercado editorial.  Editorial Columba en los sesenta o Editorial Planeta en la actualidad. La diferencia es de grado.  La política es la misma.   
Los cuadernos Secretos de Horacio Altuna es algo más que un libro maravilloso.  Es una muestra de cómo deberían hacerse las cosas. 
Vean el trailerbook de la firma del contrato. Remite a una escena vanguardista en donde todavía es posible que la edición no sea un negocio. Es delicioso: 


Y ahora, a encargarlo. Que hay que tenerlo en la mesa de luz.

TrailerBook Altuna en Orsai from Revista Orsai on Vimeo.



viernes, 25 de febrero de 2011

Número en línea sobre el cómic latinoamericano

Comparto este enlace "descubierto" por Pablo Turnes. Se trata del número 234 de la Revista Iberoamericana coordinado por ANA MERINO, el eje temático es el  cómic latinoamericano:

http://revista-iberoamericana.pitt.edu/ojs/index.php/Iberoamericana/issue/view/275/showToc

miércoles, 9 de febrero de 2011

En Orsai

Mi amiga Laura Bistagnino me recomendó la revista. El número uno se puede descargar gratuito. Ya encargué el dos. La revista de Hernán Casciari, es un emprendimiento editorial innovador e inteligente. Hay buen material ahí, pasen, lean y si se enganchan: la encargan.
Lo más importante: hay historietas!. Y de las buenas.

(hace click)




martes, 18 de enero de 2011

Convocatoria para publicación

Coordino y dirijo un dossier sobre humor e historieta en la prestigiosa revista académica de Brasil ANTÍTESES
Los invito a enviar sus trabajos.  Estén atentos a las bases: http://www.uel.br/revistas/uel/index.php/antiteses/index
Para más detalle sobre la convocatoria, ver:
Cuadritos



lunes, 27 de diciembre de 2010

Ojo al cuadrito en la Fierro .... con sabor a mar

Enero. Playa. Arenita. Sol. No se pierdan la sección "Ojo al cuadrito" en la revista Fierro. Felices Vacaciones!


Textos: Laura Vazquez
Diseño: Decur





martes, 21 de diciembre de 2010

Informe 3 de Chica Crítica - Blog de Fierro

En el blog de Fierro, pueden leer mi INFORME 3 de Chica Crítica, esta vez la sección ofrece un balance a tono con los tiempos navideños. Además, en enero, con calor y en la playa, puede disfrutar de la página "Ojo al Cuadrito", sección que inauguré en diciembre con una reseña crítica sobre "Bolita" (Trillo/Risso)  y que promete abordar distintos autores y obras de la historieta nacional. Para mí es un placer escribir estas dos secciones y agradezco a los editores de Fierro la confianza en la pluma. Espero no defraudarlos. Buen año a todos y a todas (como se usa ahora) y.... Felices Pascuas!!


martes, 16 de noviembre de 2010

Segundo Informe: "El viejo"

Se publicó mi segundo informe en el blog de Fierro: "El viejo". Está vez, dedicado al Día del Dibujante: pasen y vean: CHICA CRÍTICA

viernes, 12 de noviembre de 2010

Actualicé Suave Canesú

No pude recuperar la mayoría de los comentarios de mi antiguo Blog. Pido disculpas. Los publicaré de un tirón, en una entrada pero ya no puedo insertarlos en las entradas. (Si acaso algún bloggero más entrenado supiera encaminarme, bienvenidos los consejos) Aprovecho para contar que SUAVE CANESÚ será editado, finalmente, en la mismísima París. Oh la lá!. La estrategia que pensamos con el editor, Guille Bravo, es incluir una selección de comentarios de los lectores a modo de intervenciones sobre el texto. A la manera del antiguo folletín, formato en el cual se inspiraron estas entregas, las ediciones serán periódicas y mantendrán las imperfecciones de la escritura rápida, fugaz, descartable. Escritores de blogs y folletinistas del siglo XIX, acaso se rozan en la incorrección del texto y la falta de trascendencia. No es poco. BESOS!



viernes, 13 de agosto de 2010

Artículo en línea


“La formación de un campo” Texto en línea en el sitio de la Maestría en Diseño Comunicacional, UBA, FADU. En: http://maestriadicom.org/articulos/estudios-visuales. Este artículo fue publicado originalmente en Narrativas dibujadas: arte, cultura de masas y lenguaje, Diálogos de la Comunicación (Laura Vazquez coord.), Revista académica de la Federación Latinoamericana de Facultad de Comunicación Social, FELAFACS, Lima, julio de 2009
PD: un par de errores en los epígrafes de las imágenes ya fueron informados. 

martes, 30 de marzo de 2010

Contra Disney: un tigre de papel (PARTE UNO)

Subo un fragmento de la tesis que no entró en el libro. Originalmente, este apartado (que resumo mucho para el posteo!) pertenece al capítulo 7 "Intelectuales e historietas". Me hubiese gustado incluir en el libro un análisis de las distintas posiciones del campo intelectual en relación a la historieta..pero ya sabemos amigos, todo no se puede!.
Lo envío por partes. Beso.

PARTE UNO
La crítica de historietas giró de manera representativa alrededor de un libro polémico: Para leer al Pato Donald, escrito por Ariel Dorfman y Armand Mattelart y publicado por primera vez en Chile, en 1972. Cabe advertir que cuando este libro fue editado hacía poco más de un año que la Unidad Popular (1970-1973) había asumido el gobierno. El mismo tuvo por entonces una fuerte acogida tanto crítica como celebratoria, el hecho de que aún hoy siga siendo motivo de debate merece una atención particular. De alguna manera, podría decirse que Para leer al Pato Donald “selló una época”:


Ese libro, que publicamos en diciembre de 1971 en Valparaíso con mi colega Ariel Dorfman, tuvo un éxito abrumador, como dicen en español (se vendieron por lo menos un millón de ejemplares, unas treinta ediciones en castellano y quince ediciones en lenguas extranjeras. (…) hemos tenido el privilegio de ser censurados por el gobierno de Estados Unidos. Yo lo consideraba un panfleto, un grito de rebelión. (Mattelart, 1996: 12-13)
Con el triunfo de la Unidad Popular el gobierno de Salvador Allende expropió una de las editoriales más grandes del país (Zig Zag) dedicada a la producción de libros, semanarios e historietas. Bajo su nuevo nombre “Editorial del Estado Quimantú” la empresa incorporó especialistas a sus equipos de dirección. Que los obreros tipográficos reflexionaran en los talleres sobre las propias historietas que editaban y leían, constituyó una de las metas de la agenda política, aunque luego en el libro el punto de vista de los actores constituya una ausencia significativa. Algunos intelectuales asumieron responsabilidades oficiales en función de las estrategias del socialismo.[1] Uno de los objetivos fue estimular la conciencia social y ampliar el proceso de movilización de la clase obrera:
Por esos años hubo una movilización tal de la derecha contra la Unidad Popular que se reflejaba en las historietas. Entonces, los obreros vinieron a buscarnos diciendo: “Es muy curioso, seguimos imprimiendo revistas que nos dan cachetazos; nos interesaría saber que hay detrás de todo esto”. Y nos pusimos a trabajar con ellos. Habíamos comenzado a hacer talleres –y no solamente sobre Walt Disney- que intentaban propiciar una reflexión sobre estos productos que estaban, en definitiva, contra ellos. (Mattelart, 1996: 13)

Concebido como un manual de descolonización, el trabajo deconstruye la ideología imperialista subyacente en las relaciones entre los personajes, comparando estas representaciones con las propias condiciones de trabajo de los empleados de la compañía Walt Disney. Si las historietas de la línea Disney son universalmente recibidas como entretenimiento por encima de las contradicciones sociales, Dorfman y Mattelart ponen de manifiesto que “el mundo de disneylandia” encubre el mensaje propagandístico del imperialismo y el mítico “American Dream of Life”:
Nosotros habíamos tomado a Walt Disney como el símbolo de una cultura, de un modo de vida y de una concepción del mundo. Era un producto que simbolizaba un modelo de sociedad que rechazábamos. El problema mayor para nosotros era cómo pensar, escribir y leer sin el Pato Donald. (Mattelart, 1996: 14)
En tanto producciones materiales y simbólicas los personajes de estas series vienen a representar los deseos utópicos de la clase dominante norteamericana. De esta manera, las historietas de Disney muestran cómo Estados Unidos se sueña a sí mismo: “el modo en que la metrópoli nos exige que nos representemos nuestra propia realidad, para su propia salvación”. Los autores plantean que las historietas son productos de la burguesía convertidos en costumbre, un tipo de mercancía para dominar ideológicamente al explotado:
Pato Donald al poder es esa promoción del subdesarrollo y de las desgarraduras cotidianas del hombre del Tercer Mundo en objeto de goce permanente en el reino utópico de la libertad burguesa. Es la simulación de la fiesta eterna donde la única entretención-redención es el consumo (…) Leer Disneylandia es tragar y digerir su condición de explotado. (Dorfman y Mattelart, 1995: 157)
Así, el conflicto maniqueísta entre los personajes nunca tiene una base dialéctica porque suprime todas las formas de producción: material, sexual e histórica. El mundo Disney, representa la superestructura ideológica de una sociedad capitalista avanzada, cuyo único futuro posible es la supremacía del sector de servicios como clase: “Lo que vendrá después de Disney surgirá, o no, desde la práctica social de las masas que buscan su emancipación”. (Dorfman y Mattelart, 1995: 160) Si tradicionalmente el imperialismo se afirmaba en el plano económico a través de monopolios, el advenimiento de multinacionales que negocian a escala internacional producen la dominación de los países dependientes. El imperio de las historietas de Disney sería el ejemplo paradigmático de esa categorización:
Este producto de Disneylandia, exigido y posibilitado por un gran avance industrial capitalista, es exportado, junto con tantos otros objetos de consumo, al país dependiente, que precisamente se caracteriza por depender de estas formas surgidas económica e intelectualmente en otra realidad. (Mattelart y Dorfman, 1995: 155-156)
Como advertimos, Lenguajes polemiza con algunos planteos llevados adelante por Comunicación y Cultura. El libro Para leer el Pato Donald y los textos producidos por integrantes del Cine Liberación fueron los ejes de editoriales, aunque Eliseo Verón, se encargaría de subrayar años después, que la crítica en cada caso tuvo una impronta diferente. (Verón, 1995) En el primer número de Lenguajes y partiendo del “problema de los métodos”, argumenta que la lectura ideológica e intuitiva de los textos (“conocimiento práctico”) se traduce en un procedimiento que prioriza las exigencias de la política a las exigencias del conocimiento sistemático y la construcción de teoría científica. Siguiendo este razonamiento, una de las formas a través de las cuales opera la dominación es estimulando la producción de discursos ‘puramente’ ideológicos en el sentido mencionado:
La contradicción entre la demanda práctica (política) y las condiciones de la investigación es aún más clara en el estudio de Mattelart y Dorfman sobre el Pato Donald. En este trabajo, no sólo se aplica como método el comentario intuitivo e interpretativo del material (de una manera que es, dicho sea de paso, sumamente dudosa); el caso me parece más grave: el problema del método ha desaparecido completamente como problema. (Verón, 1974a)
El semiólogo se pregunta para qué mantener el aparato retórico del lenguaje científico si la opción es por la inserción política. Subraya que los investigadores que hayan optado por la tarea política como condición para desenmascarar las contradicciones del sistema, deben explicitarlo en su trabajo intelectual. De allí que señale que el análisis de Dorfman y Mattelart incurre en errores, no sólo del orden metodológico, sino respecto de la concepción implícita acerca de lo que es un texto y de cómo producirlo para describir la ideología. El argumento reposa en poner en escena la contradicción entre la opción de responder a la política pretendiendo al mismo tiempo conservar los privilegios intelectuales:
Es evidente, a mi juicio, que la jerga científica no hace sino ocultar la opción que, en los hechos, se ha realizado. Podemos preguntarnos por qué. Pienso que, sencillamente, lo que está en juego es la identidad social del intelectual en cuanto tal. En efecto, supone que él contribuye a la lucha política con su capacidad profesional en tanto “especialista”. De no ser así, ¿en qué consistiría su aporte específico? (Verón, op. cit.)
Por su parte, el trabajo de Paula Wajsman publicado en Lenguajes “Una historia de fantasmas”, permite dar cuenta de un “campo de fuerzas” en torno al enfoque del objeto. En primer lugar, recurre a un conjunto de metáforas para apuntalar sus argumentos. El artículo lleva una nota aclaratoria que se revela significativa:
El sangriento golpe de los militares y de la derecha chilenos, apoyados por el imperialismo que también nos amenaza -ocurrido después de la redacción de este artículo-, nos obliga a aclarar que la crítica a la manera específica en que se ha concretado este análisis de mensajes masivos no implica su extensión a la de la política cultural antiimperialista, en su conjunto, del gobierno de la Unidad Popular. Pensamos, sí, que el tigre imperialista sigue teniendo una fortaleza que exige, más que nunca, ataques mejores dirigidos que los de la obra que analizamos. Por otra parte, coincidimos en pensar que ese tigre no es sólo de papel.[1]
Por un lado, la cita evidencia la postura general de la publicación: ratificando el editorial del mismo número la autora polemiza con el trabajo de Dorfman y Mattelart pero lo hace inscripta en la preocupación por el avance del imperialismo en América Latina. Desde estas premisas se busca desacreditar la posición de los autores a partir de la defensa del método de investigación. Wajsman sostiene que la especificidad del análisis y la mejor comprensión del objeto constituyen un “arma política” más eficiente que la reproducción de prejuicios y la comprobación de creencias previas:
Es difícil referirse con cierta precisión a un libro tan huidizo. A lo largo de sus páginas caleidoscópicas asistimos tan pronto a afirmaciones contradictorias, surgidas de una posible asociación libre en torno del material, como a desarrollos más coherentes donde, en cambio, los recortes historietísticos sólo cumplen un papel ilustrativo, vano intento de confirmar conceptos que parecen serle previos.. (Wajsman, 1974)
Desde esta perspectiva, el libro de Dorfman y Mattelart es una denuncia que “se engendra a sí misma y flota adherida a las hilachas de un fantasma”. Contra los reduccionismos, el artículo es una pieza clave del enfoque intelectual de Lenguajes (pero también puede vincularse a la mirada sostenida por Masotta) ya que las contradicciones no pueden ser enfrentadas ‘en general’: “para que efectivamente aparezcan es necesario reservarles un campo específico de operación” (Editorial, N°1)
La autora busca dar cuenta del des-conocimiento de Dorfman y Mattelart del sujeto de recepción de la historieta. Tratado como un “fantasma”, el lector del Pato Donald, es representado como una tabla rasa. Así, “ciegos a lo simbólico”, se empeñan en exigir de la historieta padres productivos, madres que cuiden a sus hijos, niños inocentes y laboriosos. Vaciados de deseos y de “impulsos aventureros”, los lectores de Disney, nada conocen de crueldad o poder: “prefreudianos, presadianos, prekantiano, levantan obstinadamente la creencia de que el hombre -el niño- se sentirá bien en lo bueno. (Wajsman, op. cit.)
Héctor Schmucler polemiza con las críticas de Eliseo Verón y Paula Wajsman y responde al cuestionamiento metodológico que Lenguajes realiza de la investigación de Dorfman y Mattelart. Desde esta perspectiva, los objetivos deben establecerse en función de las necesidades surgidas de un proyecto general de transformación. Así, el “problema del método” se legitima en virtud de la eficacia y no de su pureza intrínseca. En suma, la separación entre ideología-política y ciencia-método, es una falacia teórica:
Sólo es “científico” elaborador de una verdad, un método que surja de una situación histórico-política determinada y que verifique sus conclusiones en una práctica social acorde con las proposiciones histórico-políticas en las que se pretende inscribirlas. (…) le guste o no al científico, siempre su ciencia se vincula a una política. Y lo quiera o no, toda política condiciona una ciencia. (Schmucler, 1975: 5)
En este sentido, Schmucler se pregunta retomando el artículo de Verón “¿qué presupone afirmar que el problema del método ha desaparecido?” y al mismo tiempo cuestiona la supuesta necesidad de “elección” del investigador por la práctica política o la práctica científica: “¿A quién se le plantea la disyuntiva? ¿a los autores de Para leer al Pato Donald o al comentarista?”. Schmucler es explícito en su argumento “el que elige descartar la política es Verón y desde allí analiza el libro criticado”. El enfoque parte de una premisa: la práctica política es condición de verdad para las ciencias sociales y el objeto se elabora en función del proyecto político y cultural que lo define.
En la misma línea, Schmucler también polemiza con Paula Wajsman y le adjudica a la autora una interpretación fundada en la división antagónica entre ciencia e ideología: “Refugiada en la ‘ciencia’ del psicoanálisis, la autora no tiene ojos ni oídos para la significación social de las producciones sociales”. (Schmucler, 1975: 9) Desde esta perspectiva, Wajsman incurre en una visión psicoanalítica que al olvidar el contexto en que se inserta su práctica, termina confirmándolo. Pero tomemos algunas ideas de Schmucler, Verón y Mattelart sostenidas décadas más tarde para dar cuenta de una revisión crítica de estos postulados. Ya en la década del ochenta, el paradigma y el enfoque de la comunicación y la cultura se transforma radicalmente. El mismo Héctor Schmucler (1984) revisa algunos conceptos y preposiciones teóricas asumidas por la publicación diez años atrás.
Hemos aprendido que las realidades son infinitamente más complejas que las anunciadas por algunas matrices teóricas. El individuo, la subjetividad, no es sólo una consecuencia: es componente decisivo que actúa en condiciones físico-naturales cuyo funcionamiento también admite el azar y lo imprevisible. Hemos aprendido a reconocernos como seres humanos cuyos deseos y placeres están en el origen de sus acciones (incluidas las colectivas). (Schmucler, 1985: 6)
Si en la perspectiva de Schmucler hay una revisión crítica de los postulados sostenidos durante los años de Comunicación y Cultura (al problematizar la distinción estructura/superestructura, ideología y cultura), en el balance de Eliseo Verón se mantiene el argumento crítico y la polémica en torno a la investigación de Dorfman y Mattelart:
Daba la impresión de que Mattelart se había dado un objeto específico, mediático, el Pato Donald, y tenía el aire de ser una investigación sobre algo. Yo creo que no lo era, que es un libro lleno de estereotipos ideológicos. No había descripción del objeto. Había, en cambio, una concepción tan rudimentaria de lo que es la historieta y el humor, que nos pareció necesario señalarlo. (…) es una seudo investigación, un pretexto puramente ideológico para justificar un discurso antiimperialista. (Verón, 1995:12)
De manera paralela, la impronta semiológica como instrumento es señalada por Schmucler. El argumento advierte cierta institucionalización/profesionalización en el enfoque científico de Verón. Nuevamente, la disyuntiva política/investigación aparece en el centro:
Ahí estaba discutiendo mucho con la semiología/semiótica de Verón y de su grupo, que –digamos- se había profesionalizado. Concretamente discutía con una crítica que ellos hicieron a Para leer al Pato Donald en su revista Lenguajes. Tal vez mi idea no tenía un sustento rigurosamente teórico…Yo decía que el receptor otorga significado al mensaje a partir de sus prácticas. (…) insisto estábamos viviendo una fuerte experiencia política, donde la gente actuaba en política y eran multitudes que salían a la calle. Desde esa experiencia el mensaje es decodificado. (Schmucler, 1994: 11)
Cabe advertir que si bien la perspectiva de Mattelart revisa algunas concepciones y presupuestos de las teorías comunicacionales de las décadas del sesenta y setenta en América Latina su enfoque e aquella etapa no contempla un examen de la historieta desde otra perspectiva. En otros términos, sigue vacante el estudio de la materialidad de la imagen, sus procedimientos y sus modos de representación:
Hoy el mundo es otro, Walt Disney parece inocuo frente al avance de la globalización de los sistemas de comunicación. Antes estábamos frente a productos que eran verdaderos símbolos, hoy lo que está modificándose son las estructuras mismas de la sociedad. Si antes se trataba de flujos, de productos culturales, hoy, en cambio, las lógicas de la mundialización atacan los fundamentos institucionales de los Estados-Nación. (Mattelart, 1996: 14)
Enmarcada en la problematización de la “americanización” o “norteamericanización” a nivel mundial de los productos culturales, la investigación de Dorfman y Mattelart descuida o relega por lo menos, dos cuestiones centrales en los análisis de la comunicación de masas. Por un lado, se desatiende la complejidad de los procesos culturales que requieren tanto de un análisis ideológico como de un enfoque que tenga en cuenta los aspectos estéticos y técnicos de la producción cultural. Por el otro, no se distinguen en la crítica de las historietas de Disney modos diferenciales de consumo y apropiación por parte de los lectores.
La imagen de un consumidor pasivo frente a un medio activo reduce la alternativa o la resistencia a una oposición dicotómica: de un lado el espacio ideal de la autogestión o la producción independiente, del otro los medios centralizados como imagen del poder concentrado. En la década del ochenta, la cuestión introducía un enfoque diferente. La pregunta por el público consumidor fue entonces la base de una nueva matriz conceptual que se resistió a abordar el campo en tanto “instrumento de poder” y comenzó a pensarse como un “campo de relaciones”. La perspectiva de Michel de Certeau (1980) abre la problemática de los usos y las “maneras de hacer” de los usuarios, al resaltar la capacidad de éstos para desviar y rodear la racionalidad de los dispositivos del orden estatal y comercial.[2]
En síntesis, al concebir a las historietas como un vehículo de instrumentalización política el límite del análisis de Mattelart y Dorfman, es no poder dar cuenta de la especificidad de su modo de producción. Desde esta perspectiva, el medio sólo es entendido en su papel didáctico y concebido como un canal susceptible de promover procesos de transformación social. Cabe resaltar que tampoco se abordan las características del público de historietas (no hay trabajo en recepción) ni mucho menos en el carácter icónico de las imágenes.
Las condiciones de producción de la industria Disney también son una ausencia significativa en el análisis. Concentrados en el contenido de la historieta, no hay margen para reflexionar en el arte gráfico del autor de la serie (Carl Barks) ni en la repercusión que su estilo tuvo en toda una generación de historietistas latinoamericanos. Por otra parte, resulta importante destacar que Barks produce (en el anonimato de los Estudios Disney) su historieta para el público norteamericano de la década del cuarenta, lo que supone una diferencia crucial con su recepción, décadas después, en el contexto chileno de los setenta.[3]
Para Dorfman y Mattelart la especificidad de las imágenes queda reducida al análisis del guión historietístico y de esta manera se realza el texto por sobre la imagen. Pero los rasgos estéticos, el estilo del dibujo, el diseño de página, pueden dar lugar a lecturas contrapuestas o, por lo menos, contradictorias respecto del texto. El análisis de los autores opera en el nivel discursivo para desentrañar el mensaje ideológico de los dibujantes de Disney.
Como dijimos, la impronta de la teoría crítica de la primera semiología y de la teoría de la dependencia, está presente en el sistema de citas de los autores. En este sentido el paradigma frankfurtiano presente en Dialéctica del Iluminismo (1944) funciona como un marco teórico clave en la investigación de Dorfman y Mattelart. Desde la perspectiva de Theodor Adorno y Max Horkheimer, la industria cultural se caracteriza por imponer la lógica del número y de crear con fines ideológicos una cultura masificada, sin diferencia.
Los productos se presentan como diferenciados/diversos pero se revelan como iguales ya que los medios técnicos también tienden a una creciente uniformidad y estandarización. Como vemos, este sistema de lectura está presente a lo largo del análisis de los autores y funciona para producir nueva empiria sobre un mismo fenómeno. La industria de Walt Disney ya había sido abordada de manera crítica por Adorno y Horkheimer. [4] De allí que analizan la producción de dibujos animados como una variante homologable a las formas de entretenimiento que provee la historieta:
Si los dibujos animados tienen otro efecto fuera del de acostumbrar los sentidos al nuevo ritmo, es el de martillar en todos los cerebros la antigua verdad de que el maltrato continuo, el quebrantamiento de toda resistencia individual, es la condición de vida de esta sociedad. El Pato Donald en los dibujos animados como los desdichados en la realidad reciben sus puntapiés a fin de que los espectadores se habitúen a los suyos (Adorno y Horkheimer, 1987: 167)
Desde estos planteamientos se desprende la siguiente pregunta: si los personajes de Disney evidencian los mecanismos específicos por los que se reproduce la ideología burguesa ¿existen historietas que puedan albergar contenidos revolucionarios? ¿es posible establecer otros canales de difusión? ¿todas las historietas y los dibujos animados secundan el gusto del gran público? Mejor dicho, ¿todas las historietas que secundan el gusto del gran público transmiten contenidos engañosos?
El hecho de que la investigación sobre las historietas se haya revelado como un órgano de denuncia del imperialismo, llevó a que las experiencias o prácticas de las burguesías nacionales no pudieran ser pensadas desde su relativa autonomía. A partir del análisis de un episodio de la historieta “El Llanero Solitario” Ariel Dorfman y Manuel Jofré (1974) parten de una premisa: detrás de una ficción que pretende estar al margen de la política y destinada al entretenimiento se ocultan los modos explícitos o implícitos de la dominación ideológica:
Cambiar el mundo, para el lector, no aparece como algo negado por la historieta. (…) Pero el cambio es solo aparente: no se altera la realidad ni al Llanero tampoco. Bajo el manto de la variación, se conserva al mundo tal cual estaba antes (…) Es la repetición circular, la superficial renovación de la moda, de todos los productos de la industria cultural, y de las revistas dentro de las cuales estos personajes desarrollan sus heroicas y confinadas existencias. (Dorfman y Jofré, 1974: 50)
El texto busca poner en evidencia los mecanismos gratificadores y de consuelo de un tipo de narrativa de consumo popular. Sin embargo y partiendo de la crítica de Umberto Eco sobre el folletín Los Misterios de París, ocurre que los mensajes difundidos a través de un circuito de masas son leídos en claves diversas: “por equivocadas que estén, las ideas, una vez difundidas, avanzan solas. Y nunca se sabe exactamente adónde irán a parar” (Eco, 1995: 49)
Ciertamente, el libro Superman y sus amigos del alma tiene fuertes puntos de contacto con Para leer al Pato Donald, además de la presencia de Ariel Dorfman en uno y otro libro los dos trabajos analizan la forma en que las importaciones de la ideología norteamericana corresponden a la estructura misma de la dependencia. Los lectores de los países periféricos definirán sus conflictos y el modo de enfrentarlos a través de las soluciones que el capitalismo dependiente importa e impone en conexión con el imperialismo: "El paternalismo autoritario que finge modos nuevos y torcidos de participación encuentra su rezagado correlato en cada una de las aventuras de los superhéroes". (Dorfman y Jofré, 1974: 82)
Al igual que el trabajo de Dorfman y Mattelart, podrían estar analizando una historieta, una teleserie, un radioteatro o un folletín. El acento está puesto en la denuncia del mensaje antes que en la interpretación de las imágenes en tanto dispositivo de comunicación.[5] Frente al avance de la cultura transnacional (en lo que se refiere a la centralización y homogeneización de los mensajes) es importante considerar cómo fue pensada la cuestión de la identidad y la autonomía cultural. En la Argentina, dos problemas centralizaron los análisis: la polémica en torno a la legitimación y la marginalidad de la historieta.
Sigue...


[1] El subrayado es nuestro.
[2] No vamos a detenernos en las discusiones en torno a “los usos desviados” académicos. Como sostienen Armand y Michelle Mattelart: “Citado exhaustivamente en los estudios sobre la recepción y la mediación, en ocasiones se utiliza a Certeau para garantizar la idea de que, desviado por los múltiples procedimientos de consumo, el poder ya no existe. Ahora bien, los análisis de Michel de Certeau están animados por la íntima convicción de que los dispositivos de sometimiento siguen estando presentes”. (Mattelart, M. y Mattelart, A., 1997: 105)
[3] Hasta este momento, tanto el desarrollo de la animación como el de las tiras gráficas de los diarios del Pato Donald era el resultado del esfuerzo conjunto de un colectivo de creadores diferentes, más que de un único autor. Pero la historieta de Donald fue llevada a cabo en su mayor parte por Carl Barks a partir de 1943. Para más detalle sobre el modo de producción de la industria Disney y del diseño conceptual de sus tiras gráficas se recomienda ver: Maurice Horn y Kim Thompson (1982)
[4] No es nuestra intención ampliar el debate o desarrollar las diferencias de posiciones entre los miembros de la Escuela de Frankfurt. Sólo nos interesa señalar que mientras que Adorno y Horkheimer critican toda producción de la industria cultural (el jazz, el cine, los dibujos animados, las tiras cómicas) Walter Benjamin destaca que la existencia del Ratón Mickey es el ensueño de los hombres históricos al proveer “una existencia llena de prodigios que no sólo superan los prodigios técnicos sino que se ríen de ellos”. (Benjamin, 1973: 172)
[5] Si la historieta como otras formas de la cultura popular y masiva fueron objeto de acusaciones diversas (trivialización, manipulación, deformación del gusto o corrupción) hay que considerar que los análisis provienen fundamentalmente de disciplinas y corrientes ya consolidas. De allí que fundamentalmente, se haya puesto la atención en “los efectos” antes que en la especificidad de su lenguaje.




[1] Como se señala en el prólogo a la primera edición del libro, Ariel Dorfman miembro de la División de Publicaciones Infantiles y educativas de Quimantú, pudo participar del libro gracias a la comisión de servicios que le otorgó el Departamento de Español de la Universidad de Chile, y Armand Mattelart, Jefe de la Sección de Investigación y Evaluación en Comunicaciones de Masas de Quimantú y profesor-investigador del Centro de Estudios de la Realidad Nacional, gracias a una medida parecida.






lunes, 15 de marzo de 2010

El oficio de las viñetas


Les presento la tapa de mi libro, originalmente, mi tesis de doctorado en Ciencias Sociales. Fueron 6 años de laburo... y fue una aventura apasionante. También costosa, por momentos espinosa, complicada. Tuve que reducir la tesis muchísimo!. La versión original pueden consultarla en la Biblioteca de Marcelo T. de Alvear, en la Facultad de Sociales. Lo digo porque hay en este libro capítulos que deberían haberse incluido, pero que por razones editoriales fue imposible hacerlo. Lo mismo, las imágenes. Armé originalmente un anexo con ilustraciones representativas de las décadas que analizo. Hubo que reducir considerablemente la cantidad de las mismas, conseguir autorizaciones para su publicación (mejor no les cuento lo que fue esa odisea!) y editarlas en blanco en y negro. El título inicial de la tesis "Oficio, arte y mercado. Historia de la historieta 1968-1984", lo reemplacé por este, "menos duro" y más atractivo. La tapa, una pinturita: dibujos de Leonardo Pietro. La idea del dibujante rotando en la máquina fordista, sugiere ese ritmo de fabril (en algunos casos) que intenté plasmar en la descripción de algunas editoriales. Y ello no se contrapone al virtuosismo. Arte y mercado, como contradicción positiva de un oficio que como pocos, está repleto de paradojas. De allí, mi interés en mirarlo de cerca. O de lejos. Eso habrá que verlo. Espero les guste, lo critiquen, lo despedacen, lo elogien y lo discutan. Pero sobre todo, que lo lean!. La seguimos....gracias!.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

De terror...

Cortito: Para los que les interesa el género de terror se publicó un artículo mío en la nueva edición de Tebeosfera bajo el título "La representación de la otredad", Tebeosfera, Nº 5, segunda época. El mismo ya había sido editado en el libro El Terror en Cómic, Comunicación Social ediciones y publicaciones, Sevilla, 2003. Recomiendo muy especialmente este número dedicado al género, muy especialmente la entrevista a Horacio Lalia realizada por Javier Mora Bordel y Jorge Palomera. Un número para no perderse.



martes, 20 de octubre de 2009

Desenpolvando...

Hablando de la relación texto/palabra me puse a revisar cosas y encontré un libro de poemas que junto a Jorge Cruz hicimos hace varios años. El proyecto fue una aventura: él dibujaba y yo escribía, pero no pusimos en relación nuestras creaciones hasta mucho tiempo después. De esa combinación surgió Poemas Ilustrados. Cuando el libro salió editado todavía me divertían estas experiencias: publicar sin esperar nada a cambio. Ni capital simbólico (nada era ni demasiado bueno ni demasiado malo como para despertar la atención) ni capital económico (ya era un privilegio no tener que gastar lo que no teníamos para poder publicar). Con el tiempo, fui perdiendo esa sabiduría casi salvaje, intuitiva y siempre motora. Ahora no tengo ni el tiempo, ni las ganas, ni la energía suficiente para emprender proyectos así. Es una lástima, porque confirma que ya no soy tan joven pero, fundamentalmente, que algunas de mis certezas se tornaron relativas. Más cómodas ¿burguesas? Hum... en todo caso, menos febriles. En esa etapa, lo más importante era escribir, " a como de lugar", "contra viento y marea", "hasta las últimas consecuencias". Cada vez que recuerdo empresas como esta, me doy cuenta que la vivencia es lo que vale la pena. ¿Trivial? Afortunadamente, sí. Al fin de cuentas, es lo que queda cada vez que dejamos a un lado la vara que mide quién rankea, quién la pegó, quién está verde, quién promete, quién la lame. (a tono con los tiempos que corren) Por algún motivo, los escritos de mis cuadernos Rivadavia y los proyectos grandilocuentes, me dejaron de dar placer. El camino del blog es retornar (como simulacro dos veces) a esos inicios, a esa "frescura" y candidez aparente. Y siempre incompleta.